35. LAS PROBLEMÁTICAS ME PERSIGUEN
ISABELLA
—¿Kiara, estás segura de que es por aquí? —pregunté, mirando las ramas retorcidas de los árboles alzándose hacia la noche.
—Lamentablemente, sí sé —torció la boca—, por allí.
Señaló a un sitio en el bosque y la seguimos, Harper y yo.
Mis zapatillas deportivas pisaban las hojas y sentía el crujir bajo mis pies, que pronto se expandió a más pasos cercanos.
Otras personas se movían como sombras hacia la misma dirección.
Se suponía que íbamos a ese festival salvaje que permitía rela