32. NO REGRESES
ISABELLA
—Mastícala, vamos, no te resistas, mientras más lo pienses es peor.
En mi afán por hacerlo obedecer tuve hasta la osadía de apretarle la mandíbula para que no la echara fuera.
La cara de William parecía una pasa estrujada de tantas muecas de desagrado que hacía.
Juro que hasta las lágrimas se le querían salir y me imaginaba también la amargura de la hoja.
Yo misma hacía muecas de desagrado con él y hasta arcadas.
“¡Savannah, esto es demasiado bajo, incluso para ti!” me rugió en la ment