243. ¡NO TE PUEDES MORIR SIN MI PERMISO, ANCIANA!
NARRADORA
Alistair abrió de repente los ojos, aún confundido, aturdido, con la sensación del fuego consumiéndolo y esos ojos verdes llorando por él.
¿Dónde estaba ahora? ¿En el lugar más allá de la muerte?
Miró a su alrededor, donde se alzaban los altos setos y la bruma que apenas lo dejaba ver unos pasos más allá.
Sin embargo, reconoció enseguida este lugar… el mismo laberinto que encerró tantos recuerdos y secretos.
Frunció el ceño y, aunque no entendía de qué se trataba este nuevo juego maca