244. MI DESPERTAR SIN TÍ
ISABELLA
Los dos gritamos con la emoción y la alegría mezcladas.
Kaden volvió a sentarse, inclinado hacia ella, que abría los ojos con sumo esfuerzo.
—¡Maldita anciana! ¡¿Cómo te atreves a darme ese susto?! ¡Me dijiste que aún te quedaban muchos años!
La abrazó, inclinándose sobre su cuerpo delgado, y el suspiro de Ágata hizo que mis ojos se humedecieran.
Le palmeó la espalda con un gesto cansado, pero sus ojos se entreabrieron sobre el hombro musculoso de mi mate y me dio una mirada suave, com