220. JUEGO DE APUESTAS Y ENGAÑOS
NARRADORA
Ágata al fin pudo girarse y se interpuso entre ambos. Alistair yacía con los ojos cerrados, la cabeza baja, y parecía dormir de pie.
El rostro hermoso de Elbraham mostraba una sonrisa condescendiente.
—Ya no eres mi hechicera, Ágata, y solo te sostienes por un rastro de mi poder —le dijo, estirando la mano para tocar uno de sus mechones de cabello canoso.
—Tenía tantas expectativas puestas en ti, pero te volviste aburrida, tan predecible; cometiste tantos errores por temer a tu poder…