107. MI GRAN LOBO CACHONDO
ISABELLA
—Ash, espera, lobito, ¡no puedo tomarte así! ¡Kaden!
“¡No llames a Kaden, yo también soy tu mate! Mírame, Bella…”
Una mano dominante se aferró a mi cuello con delicadeza; la enorme cabeza de lycan se acercó hasta que la húmeda nariz acarició la mía.
Me perdí en la inmensidad de esas pupilas salvajes, con una mezcla de azul y rojo.
“No te voy a hacer daño bebé, solo una probadita, ¿sí?”
Una lamida suave cayó sobre mis labios, queriéndome convencer. Sus feromonas me envolvían como un ven