108. TÚ ERES LA AUTÉNTICA
ISABELLA
—Bebé, no más… de verdad fue rico y todo lo admito, ¡pero por hoy ya basta de castigo, seré una buena Omega! —casi lloré cuando me vi siendo depositada con cuidado en la orilla y sobre la hierba.
Un sonido retumbó en su garganta y jamás había visto a un lycan reír, así que me pareció un evento fascinante.
Aunque, con esa cantidad de colmillos enormes, no sabías si era risa o te iba a comer de un bocado.
“Por hoy me doy por satisfecho, pero esto se va a repetir, lobita… me gustó demasia