102. ESTOY LISTA PARA EL SACRIFICIO
ISABELLA
Le grité a su expresión culpable.
—¡Suéltame, maldita sea! Debí preguntar esto antes de dejar que te aprovecharas de mi inocente cuerpo.
—¡Bebé, solo le dio algunas lamidas, maldita sea! Fue súper sosa y olía fatal, como moras podridas… ¿Por qué olías al inicio como ella? ¡¿Cambiabas también tus feromonas para engañarme?!
—¡No me gires la tortilla, que aquí hablamos de cómo casi te cepillas a mi hermana gemela, lobo infiel!
Le mordí la nariz y gruñó sorprendido, aflojando las manos.
Ap