—Fui un imbécil, un imbécil —aseveró Philip por tercera vez.
—Sí —dijo Angeline , cansada de decirle que no lo había sido—. Lo fuiste.
Parecía sorprenderse, con el tenedor a medio camino de su boca.
—Pero antes dijiste que era correcto seguir lo que me indicara mi corazón.
—Sí, pero si vas a seguir declarando tus faltas, finalmente voy a estar de acuerdo. Mira, Philip, si quieres ser libre e ir a la universidad sin problemas, está bien. No estuvo bien el año pasado porque tenía expectativas.
—