Katy escuchó el golpe de la puerta y los pasos de Gerald en el pasillo, y dejó su libro en la mesa del salón. Sin embargo, prepararse para un visitante nocturno inesperado y ver a Bill, sin abrigo, con el pelo empapado, de pie en la puerta, la sorprendió hasta lo imaginable.
No podía controlar la sensación que comenzó en lo profundo de su interior ni el ritmo acelerado de sus latidos.
¿Qué demonios estaba esperando? ¡Este hombre quería casarse con ella! Ella se levantó y casi saltó a sus brazos