Al fin, Katy abrió los ojos, y allí estaba su fino rostro, sus labios cálidos ligeramente abiertos, sus ojos azules mirando a los suyos. Se lamió los labios y lo oyó gemir antes de que su boca volviera a aplastar la suya con un beso tan feroz que la habría asustado si no hubiera intentado devolvérselo con igual ardor.
Él la abrazó con fuerza, aplastando la fina tela de su vestido, la cual se deslizó sobre sus pezones tensos. Aferró su nuca, con los dedos entre su cabello, forzando sus labios co