Ben no quería estar en esa oficina, pero su madre había insistido tanto que no le quedó más alternativa que acceder a regresar al trabajo.
Esa última semana, Aníbal había hecho hasta lo imposible para que Roussa lo perdonara y, obviamente, eso incluía disculparse con él.
—Regresa al trabajo. Tú muy bien lo dijiste el otro día, sin importar que, seguirás siendo un Greiner —fueron sus palabras.
A aquella declaración le faltó sentimientos y convicción, pero no tenía ánimos de discutir con Aníbal