Los fuertes gritos, la voz llorosa de Roussa, era lo único que se escuchaba a medida que más se acercaban a la puerta de salida.
Su madre cargaba a las gemelas, mientras ella llevaba el par de maletas que habían logrado recoger. Las dos iban de puntillas, caminando silenciosamente, con el objetivo de no ser detectadas.
Sin embargo, una de las empleadas del servicio las descubrió y mirándolas de forma despectiva, les arrebató una de las maletas, mientras preguntaba:
—¿Qué llevan ahí? ¿Se están