La mañana llegó tranquila y Olivia despertó suavemente a Lily acariciándole el cabello.
—Mi pequeña, hay que ir al jardín.
Lily se removió entre las mantas haciendo un pequeño puchero.
—Hum… ¿no me puedo quedar en casa jugando contigo?
Olivia sonrió con ternura.
—No, mi amor, pero hagamos algo. Yo te llevo y luego voy por ti para que vayamos por un helado.
Los ojos de Lily brillaron inmediatamente.
—¡¡Siiiiii!!
La pequeña saltó de la cama llena de energía y, para sorpresa de todos, pocos minuto