Bella retrocedió un paso sin apartar la vista de Baltazar. La calle estaba desierta como si alguien hubiera corrido a toda la gente que podría pasar por ahí. El corazón de Bella golpeaba con tanta fuerza contra el pecho que podía escucharlo retumbando en sus oídos. El hombre sonreía con una tranquilidad enfermiza mientras avanzaba lentamente hacia ella, como un depredador que sabe perfectamente que su presa ya no tiene escapatoria.
—No te acerques, Baltazar, voy a gritar.
Él continuó caminando