La tarde avanzó lentamente y, por primera vez en muchos años, Noah podía decir que había disfrutado realmente de un cumpleaños. Seguía recostado en el gran sofá de la sala con una expresión de absoluta satisfacción mientras observaba el cuarto trozo de pastel que acababa de terminar. Había insistido en repetir una y otra vez que estaba delicioso, provocando que Olivia no pudiera dejar de sonreír cada vez que lo veía comer con tanto entusiasmo. Ella terminó acomodándose junto a él, acurrucándose