Los meses pasaron con una tranquilidad que Noah agradecía cada día. Tal como habían acordado con el médico, una vez por semana llevaba personalmente a Olivia a la universidad. Nunca la dejaba sola; la acompañaba desde que salían de la mansión hasta que regresaban a casa, permaneciendo a su lado durante las clases y esperando pacientemente mientras ella estudiaba.
Gracias a aquellas jornadas y al enorme esfuerzo que ambos habían hecho, Olivia consiguió ponerse completamente al día y aprobar toda