Eduard llegó corriendo a la clínica, completamente agitado. Apenas cruzó la recepción buscó con la mirada a una de las enfermeras y se acercó casi sin aliento.
—Busco a un hombre llamado Adrián Beaumont. Fue ingresado esta mañana.
La enfermera sonrió al reconocer inmediatamente el nombre.
—Ah, sí. El profesor guapo. Está en la habitación ciento dos, en el área de recuperación.
—¿Dónde queda?
—Al fondo del pasillo. No tiene cómo perderse.
—Muchas gracias.
Sin esperar un segundo más, Eduard salió