Los días pasaron y tanto Olivia como el pequeño Oliver evolucionaban de maravilla. Madre e hijo se recuperaban rápidamente y cada revisión médica traía noticias más tranquilizadoras. Noah apenas se separaba de ellos. Si Oliver dormía, él permanecía observándolo durante largos minutos; si lloraba, era el primero en tomarlo en brazos para pasearlo por la habitación. Olivia no podía evitar sonreír cada vez que veía a aquel hombre, tan temido por el mundo de los negocios, caminar de un lado a otro