Tuve que cambiarme. Me deje unos pantalones cortos de jeans y una blusa. Por debajo, me había puesto el bikini porque la temperatura estaba altísima. El día soleado era un contraste con mi humor.
No había podido dormir en toda la noche después de lo que le grité a Gabriel. Soy una idiota. Él solo quería protegerme, pero no le importó que mi corazón se viera destrozado cuando decidió enviar a Salem al infierno.
No le importó que mi corazón se detuviera al ver como el otro Kim hacia de las suyas