Cap. 37.2
Un hombre se para en el medio de una carretera solitaria, mira la hora en su reloj de bolsillo, aunque no supo el propósito, el reloj estaba descompuesto, se limpia un diente con la lengua y sonríe, enciende un cigarrillo, le da una calada, vio la luz que despuntaba la mañana, luz que amenazaba con ahuyentar la oscuridad y sus amenazas, el amarillo del sol ahuyentando la noche en una combinación majestuosa entre amarillos, azul y naranjas, era la hora, una suave brisa de la carretera de Alemania