Lía seguía aferrada al cuello de Mikkel, con la cara enterrada en su pecho, trepada sobre sus piernas, gritando aterrorizada, segura de que iba a morir.
El helicóptero giraba como una lata vacía en medio de una tormenta, pero de pronto, el piloto logró estabilizarlo.
Mikkel respiró profundamente, se dió cuenta de que él también estaba abrazando a Lía, sintió su suave aroma y la calidez de su cuerpo.
Apretó los labios, sintiéndose incómodo consigo mismo por reaccionar ante ella, luego le tomó lo