Jano la sostuvo sin hacer preguntas, sus manos, acostumbradas a frascos y plumas, se quedaron quietas en su espalda, firmes, no intentó separarla, no le pidió que se calmara, solo se limitó a estar ahí, sintiendo cada espasmo, cada respiración cortada, cada vez que ella lo aferraba más fuerte, como si en cualquier momento el suelo pudiera desaparecer otra vez.
—Ustedes no pueden interferir sólo la estábamos ayudando.
Se atrevió a decir Kura, Y Taylor tomó la cola que el demonio se había atrevid