Sky pasó gran parte del día recorriendo el Pabellón Cielo y, intentando entender el terreno que ahora era suyo, y a cada pasillo que se abría, a cada patio interior que ingresaba, a cada galería con balcones y salas, más se convencía de que aquello no era “un cuarto para la princesa”, más parecía un mini castillo.
Lo que Sky no sabía, porque aún no había visto los demás pabellones, era que el suyo era el más grande y el más lujoso de todos, y es que el verdadero castillo se alzaba en el corazón