El Reino Demoníaco de Azrael Vaelthorne no se alzaba bajo tierra, ni estaba hecho de sombras perpetuas y lamentos, como contaban las historias de miedo en otros territorios, porque la verdad era que este reino estaba bañado por el sol, con bosques espesos, montañas negras coronadas de nieve carmesí en invierno, ríos de agua clara y ciudades vivas donde el comercio, la risa y el ruido llenaban las calles, y las estaciones pasaban allí igual que en el Reino de los Lobos o en el de los Brujos, la