686. El juego que no podemos ganar.
Si todo intenta ocuparme, entonces elijo qué parte de mí sigue siendo mía.
El entorno se reconfigura en cuanto cruzamos ese umbral inestable, y lo hace con una precisión incómoda que se percibe en la forma en que el espacio parece organizarse alrededor de cada respiración, como si cada partícula encontrara su lugar en función de lo que somos capaces de sostener; camino con cuidado sobre una superficie que ya no responde solo al peso de mi cuerpo, sino a la intención que cargo, mientras las somb