582. Me pusiste contra la pared.
Me pesa el plazo como si cada hora tuviera filo, como si el tiempo ya no avanzara en minutos sino en decisiones que se acumulan en mi garganta y me impiden respirar con normalidad, porque elegir no significa solo inclinarme hacia un nombre, sino aceptar la versión de mí que sobrevivirá después.
El campamento ya no me mira igual.
Las conversaciones se interrumpen cuando paso, los gestos son más medidos, y percibo la fractura invisible que empieza a recorrer la manada como una grieta silenciosa q