583. Sabía que no aceptarías.
La palabra libre todavía vibra en mi cabeza cuando la noche cae sobre el campamento y el murmullo de la manada se disuelve en sombras, pero yo no siento alivio, siento una electricidad constante recorriéndome el cuerpo, como si al romper el rito hubiera roto también una contención más íntima, más peligrosa, y ahora todo en mí estuviera expuesto.
No busco a nadie.
Camino sin rumbo claro hasta el límite del bosque, necesitaba aire, distancia, algo que me recuerde que sigo siendo dueña de mis paso