476. La oferta que no se nombra.
La propuesta llega sin sello ni firma, deslizada en la franja exacta donde la cortesía se vuelve insinuación, y cuando leo las palabras cuidadosamente neutras entiendo que no buscan mi consentimiento inmediato sino mi curiosidad, ese gesto previo en el que el deseo ajeno empieza a creerse correspondido, y mientras camino hacia el lugar indicado —un recinto antiguo reapropiado como sala de negociación— percibo cómo la ciudad contiene el aliento, expectante ante la posibilidad de que por fin acep