408. Lo que el poder pide cuando aprende a amar.
No es calma lo que llega después de la retirada de los Selladores, sino una forma más peligrosa de silencio, uno que no se posa sobre la piel como descanso sino que se instala dentro, obligándome a escuchar cada residuo del enfrentamiento, cada latido que todavía no ha decidido si pertenece a mi cuerpo o al vínculo que me atraviesa, y descubro que la victoria, si puede llamarse así, no trae alivio inmediato, sino una pregunta insistente que se repite con la paciencia de lo inevitable: qué estoy