409. La herida que aprende a pronunciar mi nombre.
No es el miedo lo que me domina cuando despierto del estado de vigilancia en el que he permanecido desde la última ruptura del sello, sino una forma más profunda de exposición, como si cada capa que durante años me sostuvo ahora se hubiera vuelto transparente y el mundo pudiera verme no como reina, ni como estratega, ni siquiera como portadora de un poder antiguo, sino como un cuerpo que recuerda demasiado bien lo que fue amado y lo que fue utilizado, y esa conciencia, lejos de debilitarme, me