319. El que Respira desde debajo.
El choque entre mi fuego blanco y la columna de ceniza fue tan brutal que el mundo se dobló sobre sí mismo como una hoja mojada; sentí cómo el aire en mis pulmones se convertía en un suspiro arrancado, un lamento que no sabía si venir de mí, del ser de fuego o del mismo cielo. La luz explotó en todas direcciones y, por un instante largo y agudo, no hubo sonidos, ni tierra bajo mis pies, ni siquiera tiempo. Todo quedó suspendido en un vacío que ardía como un corazón demasiado abierto.
Cuando la