255. La doncella de las lágrimas dulces.
La noche cae sobre el palacio con ese silencio peculiar que no es paz sino un disfraz de intrigas, porque sé que en los corredores aún se mueven espías con pies de terciopelo y que detrás de cada tapiz podría esconderse una oreja al servicio de otro señor, pero esta vez no me interesa el murmullo de la corte ni las sombras que conspiran, porque mi atención está atrapada en la fragilidad luminosa de una joven que tiembla frente a mí con las manos entrelazadas contra el pecho, como si temiera que