210. El espejo de la mentira.
La sala del trono arde bajo las lámparas colgantes, el aire está impregnado de perfumes dulces y pesados que se mezclan con el sudor de los cuerpos reunidos, y cada mirada se posa sobre mí como una daga invisible que no corta la piel pero sí la dignidad. Camino con paso lento, con la espalda erguida, sintiendo cómo los cortesanos contienen la respiración mientras aguardan el espectáculo que el conspirador ha preparado para mí. No necesito que nadie me lo anuncie: puedo leerlo en sus sonrisas ma