178. La traición desnuda.
La puerta se cierra con un golpe seco que retumba como un trueno dentro de la cámara, y yo sé, incluso antes de verlo caminar hacia mí, que algo ha cambiado, que su silencio no es el mismo de otras noches cargadas de deseo o de furia, sino un silencio más espeso, más afilado, como si cada paso suyo fuera el preludio de un veredicto inapelable. Él avanza sin quitarme la mirada de encima, y en esa mirada oscura hay algo nuevo, un brillo frío que no es sólo celos, no es sólo hambre, es certeza, y