Capítulo 1: El Carnicero de Almas
Mía siempre había sentido que su cuerpo era una prisión, pero en las oficinas de Vanguard Constructora, esa prisión tenía paredes de cristal. Cada paso que daba por el pasillo central, el eco de sus zapatos parecía gritar su inseguridad. Podía sentir las miradas de las secretarias, esas mujeres de siluetas perfectas que intercambiaban sonrisas afiladas cuando ella pasaba. Mía no era solo la jefa de finanzas; para ellos, era "el error estético" en un edificio diseñado para la perfección.
—Mía, el señor Dumont la espera. Y no tiene un buen día —le dijo la recepcionista, sin levantar la vista de sus uñas perfectamente esculpidas.
Mía tragó saliva, ajustó su saco —que siempre sentía demasiado estrecho— y caminó hacia la oficina del piso 40.
Ian Dumont no era solo su jefe. Era el hombre que habitaba sus sueños y sus pesadillas desde la universidad. Ian era el tipo de hombre que no caminaba, conquistaba el espacio. Cuando Mía entró, él estaba de pie frente