El ambiente en la casa del General era irrespirable. Úrsula Von Brandt estaba postrada en una cama de hospital, convertida en un vegetal que solo podía emitir gemidos ahogados. Lilith, consumida por los nervios, caminaba de un lado a otro por la sala, haciendo tintinear los diamantes de su cuello.
—¡Es ella, Alaric! ¡Sé que es ella! —gritó Lilith, lanzando una copa contra la chimenea—. Esa "Anastasia" tiene los mismos ojos que esa muerta de hambre de Elena. ¿Cómo puede ser posible? ¡Vimos el informe del accidente!
Alaric estaba sentado frente a su escritorio, con la rosa de papel y el pañuelo bordado frente a él. Su rostro se veía diez años más viejo. La ambición que antes lo impulsaba ahora estaba siendo devorada por la paranoia.
—El informe decía que no había sobrevivientes, Lilith. Pero no había cuerpo —respondió Alaric con voz hueca—. Si es ella, ha vuelto con un ejército detrás. Y si Anastasia Voronina es Elena... entonces estamos enfrentando al Sindicato Voronin.
—¡Pues mátala d