Palm Beach, Florida. Diez días después.
La mansión de los Von Brandt brillaba bajo la luna de Florida como una joya de oro blanco. Se celebraba la gala benéfica "Corazones de Esperanza", un evento organizado por Lilith para lavar la imagen de su familia y consolidar la candidatura de Alaric. El aire estaba saturado de perfumes caros, risas hipócritas y la seguridad privada más estricta que el dinero podía comprar.
Entre la multitud, una mujer atraía todas las miradas. Llevaba un vestido de seda color esmeralda que parecía fundirse con su piel pálida, y una máscara de encaje negro que solo dejaba ver unos labios rojos como el pecado y unos ojos de un gris tormentoso.
—Dra. Anastasia Voronina —susurró el maestro de ceremonias al anunciarla.
Elena caminaba con una elegancia que proyectaba poder. En su mano derecha, oculta por un guante de encaje largo, sostenía una copa de champán con una firmeza absoluta. Cada paso que daba era un insulto a la memoria de la mujer que Alaric creyó haber