Capítulo 50
Advertencias
Eira gateó hasta el fondo de la cueva, sus manos tantearon entre la tierra húmeda, debajo de la roca plana donde lo había dejado la última vez. Movió una raíz seca, levantó el pequeño trozo de tela que había dejado como señal… pero no había nada.
Volvió a buscar, a remover cada espacio estrecho que sus dedos alcanzaban. Su respiración se aceleró y el corazón le latía con fuerza.
El libro no estaba...
—No… no puede ser —susurró—. Nadie debería haberlo encontrado.
El eco