Con un fuerte golpe, Álex derribó parte del escenario al lanzarse sobre su asistente.
Sus ojos, completamente inyectados de sangre, ardían de furia mientras lo sujetaba por el cuello de la camisa:
—¿¡Quién se llevó a Camila!? ¡Dime ahora mismo qué pasó!
La presión del alfa hizo que todos los presentes se quedaran paralizados. Nadie se atrevía a mover ni un dedo.
—No... no lo sé —balbuceó el asistente, con la voz quebrada por el miedo—. Solo vimos que salieron de la Manada Luna Plateada y desapa