Celia siguió a César de regreso a Villa Serenidad. Sabía que era inútil discutir cuando él ya había tomado una decisión.
Él ingresó la contraseña y entró en la casa primero. Celia lo siguió de cerca. Bajo la luz tenue de la entrada, él se quitó el abrigo y el reloj de pulsera a su ritmo. En esa atmósfera opresiva, cada uno de sus movimientos parecía cargado de agresividad, haciéndola sentir instintivamente en peligro.
—Dormiré en la habitación de invitados —declaró, pasando junto a él.
César obs