Cuando Margarita llegó al hospital y vio los ojos inflamados de Celia, casi gritó del susto y la preocupación.
—¡Señorita! ¿¡Qué le pasó!?
Celia podía entreabrir los párpados con dificultad, pero aún sentía un ardor punzante en los ojos.
—Me lanzaron gas pimienta a los ojos. Con reposo me mejoraré.
—Pero ¿cómo ocurrió eso? —Margarita se sentó en la silla de visitas—. ¿Lo sabe el señor? Le llamaré ahora mismo...
—¡No! —Celia extendió la mano para detenerla—. Está ocupado. No quiero molestarlo. Ah