Celia regresó a su oficina. Al sentarse, un hombre apareció en la puerta con las manos en la espalda.
—¿Eres la doctora Sánchez?
—Sí. ¿Es usted familiar de algún paciente o…? —le respondió poniéndose de pie con una sonrisa.
Antes de que pudiera terminar la frase, el hombre le arrojó un líquido al rostro. Celia, tomada por sorpresa, no pudo esquivar el ataque. Un grito desgarrador escapó de sus labios, atrayendo la atención del personal fuera de la oficina.
—¡Doctora Sánchez!
Ana corrió hacia el