Al ver sus lágrimas, Carlos se sintió un poco nervioso, sin saber cómo consolarla.
—Eh… ¿por qué lloras?
Él no sabía cómo consolar a una mujer, mucho menos a su hermana mayor. Pero al verla llorar, su corazón se ablandó.
—No llores más. Ya no estoy enojado… De ahora en adelante escucharé tus palabras. Te prometo que controlaré mi temperamento.
Ella secó sus lágrimas y sonrió. Tomó su mano para ponerle el reloj.
—Son lágrimas de felicidad. Mi hermanito consentido ha madurado.
—¡Voy a cumplir vein