El anochecer caía sobre la ciudad. Fuera de la ventana, las luces neón iluminaban la oscuridad.
Celia estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, revisando en su laptop el plan quirúrgico para el día siguiente.
En ese momento, sonó su celular. Era una llamada de Carlos. Al contestar, la voz entusiasta de su hermano resonó al otro lado de la línea.
—¡Celi! ¿Has olvidado que pasado mañana será mi cumpleaños? ¿Vendrás con César a mi fiesta?
Celia parpadeó sorprendida y revisó la fecha en su