Felipe palideció visiblemente.
—¡Celia, así no solo arruinas tu reputación, sino la de toda la clínica!
—Qué curioso… Si tanto le preocupa la reputación de la clínica, ¿por qué monta este espectáculo vergonzoso? —refutó Celia con desprecio.
—¡Celia! —gritó Felipe, indignado.
—¡Zorra mentirosa! ¡Deja de negarlo! —interrumpió la esposa de Felipe señalando a Celia—. Si no sedujiste a mi esposo, ¿por qué dijiste que ya estás casada? ¡Y nadie ha visto a tu esposo! Además, ¡Felipe ya confesó que él es