Celia se acercó al auto y dio un golpecito en la ventana. César desbloqueó las puertas. Ella abrió la puerta y se sentó dentro. En el habitáculo, la fragancia fresca y limpia del perfume de César se mezclaba con un ligero aroma a alcohol. Ella arrugó el entrecejo.
—¿Bebiste?
—Solo una copa. —Su voz sonó baja y ronca.
Celia se apartó hacia atrás el cabello aún húmedo.
—El cáncer mejoró y ahora has vuelto a fumar.
Él sonrió con amargura y rompió el cigarrillo sin encender entre los dedos.
—No lo e