Valeria le sonrió y recibió el regalo.
—Qué considerada eres, niña.
—Ábralo, abuelita —insistió Rocío con voz dulce.
Valeria, sin querer desanimarla, abrió la caja que contenía una impecable estatua tallada de Jesús.
Macarena, esposa de David, no perdió la oportunidad de adular.
—Madre, Rocío sabe lo devota que es usted. Pasó todo el día escogiendo este regalo.
Marta lanzó una mirada despectiva a su cuñada, a quien consideraba una hipócrita pese a su linaje intelectual. Solo Macarena era capaz d