—¿Cuándo te volviste como mi padre, el viejo Zamora? ¿En serio te crees su hijo? —bromeó Yael sin poder contenerse.
César se detuvo frente a su auto y abrió la puerta.
—Soy yo quien te trata como a un hijo.
—¡Vete al demonio!
César terminó la llamada y recibió las fotos que Yael le envió.
***
De regreso en el hotel, al salir del ascensor, lo primero que vio fue una figura esbelta y solitaria que lo esperaba en el pasillo desde hacía rato. Al ver sus ojos enrojecidos, se tensó y avanzó haci