—César, ya no quedan camas portátiles para acompañantes. ¿Qué te parece si compartimos una esta noche?
Él no le respondió. A ella tampoco le importaba cuál sería su respuesta. Sira reunió valor y extendió la mano para quitarle la chaqueta.
Llevaba mucho tiempo anhelando hacer el amor con él, desde que ambos alcanzaron la mayoría de edad. Siempre había querido experimentar la alegría de poseerlo. Si tan solo César hubiera accedido a estar con ella, no habría ido a pedirle ayuda a ese hombre, ni s